Cómo las escenas de muerte y perversión que una escritora no soporta ver, se convirtieron en la herramienta narrativa para intentar comprender el lado oscuro de las personas.

Jennifer Thorndike
Foto: Raúl García / LaMula.pe

“A mí me gusta golpear con cada escena y cada capítulo. No quiero capítulos muertos donde el lector pueda dar un respiro. Me gusta golpear, golpear, golpear hasta el final”, explica Jennifer Thorndike (Lima, 1983) sobre su nueva novela que, solo en la contraportada, hace alusión a la muerte, la tortura, el crimen, la perversión, el poder, la sumisión, la soledad, la cobardía, la demencia, el abandono, la tristeza. Y, para cerrar, la muerte otra vez.

Cuando Thorndike habla de golpear, habla de Esa muerte existe (Random House, 2016), una historia en la que una mujer, condenada a muerte, describe su crimen: asesinar a su hermana. Se trata de no más de 160 páginas cargadas de frases cortas con escenas en las que se pueden mezclar basura podrida, entrepiernas, olor a orina, masturbaciones y arcadas. (Seguir leyendo…)

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