A propósito de la retrospectiva que presenta por sus veinte años de trayectoria, el pintor repasa al detalle la transición que le hizo dejar atrás la oscuridad de sus inicios para convertirse en un referente de las emociones más sensibles.

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Foto: Oliver Lecca / LaMula.pe

Hace veinte años, Fito Espinosa, el hombre flaco de pelo blanco y lentes de marco grueso que se ha hecho conocido por hacer de su obra una apología a los sentimientos humanos más inocentes (la necesidad del amor, la esperanza de los sueños, la prioridad de lo invisible), expuso su primera muestra individual. Una coraza para el desierto no se caracterizó por personajes infantiles y coloridos de grandes ojos. Lo que había eran cuerpos y perfiles realistas en los que predominaban la oscuridad del azul y el rojo, expresiones apagadas y una sensación de pesadumbre. A pesar de eso, Espinosa está convencido de que hoy en día sigue hablando de lo mismo: nuestras necesidades y deseos más internos. (Seguir leyendo en LaMula.pe…)