Publicado originalmente en la revista Asia Sur N° 174

Durante cuatro años, los artistas Zosen y Mina Hamada han cuajado sus formas y colores propios en un solo estilo que ha llegado a murales de Estados Unidos, Japón y Europa. Ahora, en su tour por ciudades de Latinoamérica, han llegado a Lima para presentar Nómadas, una exposición de sus trabajos de estudio.

La exposición Nómadas se puede ver hasta el 23 de febrero en la Galería Paraíso. (Foto: Augusto Escribens / Asia Sur)
La exposición Nómadas se puede ver hasta el 23 de febrero en la Galería Paraíso. (Foto: Augusto Escribens / Asia Sur)

Zosen y Mina están aturdidos. Faltan dos horas para la inauguración de Nómadas, la exposición que presentan en la nueva galería Paraíso de Miraflores, y aún deben firmar más de quinientas gráficas que acaban de cortar en las imprentas del centro de Lima. Parecería una tarea sencilla, pero a cada una Zosen las observa primero de lejos, después de cerca, con la cara casi pegada a la cartulina, y luego desliza suavemente su mano izquierda por la superficie. Así una y otra vez. «Con los precios en soles, euros, dólares, bolivianos, ya ando perdido y no sé a cuánto debemos ofrecer estas de acá», dice.

Ambos han llegado a Lima después de un viaje de tres meses por Argentina y Bolivia. Al Perú han sido invitados por Morbo, una galería itinerante que busca generar, principalmente con el street art, un diálogo entre la calle y los espacios de exhibición, dos ámbitos en los que se mueven Zosen y Mina. En Buenos Aires iniciaron su tour con la exposición Cultura popular, en la que matizaron sus trabajos de estudio con íconos latinos, luego recorrieron las ciudades de Córdoba, Salta y Jujuy, y, en Bolivia, Cochabamba y La Paz, pintando murales con el estilo colorido y casi infantil que los caracteriza.

Ese estilo lo han denominado neofauvismo, en alusión al movimiento pictórico francés –fauvisme [fiera, en español]–, que a inicios del siglo XX influyó en artistas como Henri Matisse al uso provocativo del color en sus tonalidades más básicas. «Hago que los colores felices y alegres salgan de mí», dice Mina. «Más que infantil es un estilo básico, como un regreso a la infancia, en que lo importante no es el perfeccionismo, sino disfrutar del proceso. Por eso nuestros trabajos nunca tienen un boceto inicial».

La similitud de sus estilos dificulta determinar dónde acaba el trabajo de uno y comienza el del otro. «Hemos ido mutando y cuajando poco a poco», recuerda Zosen. «Mina trajo sus colores y yo los míos. Ella, a la hora de mezclar, usaba colores más soft, y yo iba con dorados y rojos». El primer trabajo que realizaron aún se puede ver en la ciudad de Barcelona, en una de las paredes del centro artístico La Escocesa. A la derecha, las formas son geométricas y los colores oscuros, y a la izquierda priman las formas abstractas y los colores claros. Ahora, cuatro años después, el mural de pequeño formato que han pintado en el distrito de Surquillo parece hecho por una sola persona.

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Zosen, argentino, y Mina, japonesa, se conocieron en la ciudad de Barcelona cuando él dictaba un taller de spray. De pequeña Mina escribía cuentos y poemas pero cuando pensaba en publicar un libro lo imaginaba siempre con dibujos. Se dedicó entonces a la ilustración y a la encuadernación a mano, y fue la encargada en su familia de producir las cartas que se acostumbra a enviar a los familiares y amigos en Japón cada año nuevo. Poco antes de conocer a Zosen había empezado a pintar paredes con spray.

Zosen, por su parte, llegó a Europa a los doce años, cuando sus padres decidieron abandonar Argentina cuando Carlos Menem liberó a militares que habían sido condenados por asesinatos y desapariciones durante la dictadura de Jorge Rafael Videla. Si algo había visto de grafitis era, en su mayoría, pintas políticas. Pero la cultura del skate, el heavy metal y el punk en la que se formó le permitió congeniar con el mundo del arte callejero barcelonés, que hasta 2004, en que se implantó una ley conocida como ley de tolerancia cero, era considerada el centro del street art europeo. Desde entonces se han dedicado a viajar para pintar murales, y, cuando están en Barcelona, a trabajar sus obras de estudio, como las que exponen esta vez en Lima.
«Vivir del arte callejero es como estar en una carrera de fondo donde estás hace tiempo haciendo cosas y un día te empiezan a pagar por eso», explica Zosen. «Sería más cómodo hacer como el resto de la sociedad en general y tener un trabajo fijo para pagar tus hipotecas y tus créditos, pero en el mundo del arte la gente es abierta de mente, muy superviviente, y se trata, sobre todo, de arriesgarse. Como ya en el medio urbano tienes que adaptarte mucho a la persecución de la policía y otros temas, también en la vida te haces un superviviente».

«Con nuestros murales no pensamos que vamos a cambiar las ciudades», aclara Mina. «Solo que en un mundo lleno de imágenes y eslóganes que te dicen que compres cualquier cosa para ser feliz ya es muy difícil distinguir qué es polución visual y qué no». «Exacto», dice Zosen, mientras sigue firmando gráficas. «Nosotros estamos haciendo una pausa a todo eso, un break, dándole un poco de aire a la ciudad».

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