Versión extendida de la publicación original en Tempus Noticias con el título “Si Messi se pelea con su mujer, perdemos el mundial”

A su paso por Lima, el escritor argentino Hernán Casciari hace una pausa de sus eventos literarios y habla sobre los mundiales, esa fiesta que hasta hace poco marcaba el ritmo de su vida.

"Durante mucho tiempo la vida para mí ha sido lo que pasaba entre un mundial y otro". Hernán Casciari (Foto: difusión)
“Durante mucho tiempo la vida para mí ha sido lo que pasaba entre un mundial y otro”. Hernán Casciari (Foto: difusión)

El escritor argentino Hernán Casciari (Mercedes, 1971) ha descrito a Lionel Messi como “el primer perro que juega al fútbol”. Según él, el hombre del Barcelona tiene la capacidad de concentrarse exclusivamente en el balón pase lo que pase. En otro texto ha contado cada uno de los pasos que dio Maradona en ‘el gol del siglo’ y medido los segundos exactos que duró ese momento histórico. Los años sin Mundial para él son los “años aburridos”. Después de rescindir en un solo día sus contratos con las editoriales y diarios con los que trabajaba –según Casciari porque le robaban sus ganancias–, en 2011 creó una revista con el argot futbolero Orsai (jerga argentina de off side, posición adelantada). Ahí, dándole la contra a las creencias editoriales, no había publicidad y sólo se publicaba a los autores y dibujantes que a Casciari le gustaban. La semana pasada llegó a Lima, al Festival de la Palabra. Presentó su nuevo proyecto, Bonsai, una revista para que los padres lean a sus hijos y puedan explicarles por qué el mundo es como es. En la última mesa le tocó conversar con Daniel Titinguer, el director de uno de los diarios deportivos más vendido del país, Depor. Ahí dijo que no, que el fútbol, en realidad, no es tan importante, que no es una metáfora de la vida y que no le gustan los libros literarios con temática futbolera. Tampoco le gustan los gurús que predicen el futuro o lo que pueda pasar en el Mundial. Cuando Casciari habla de fútbol recuerda a su padre, aplica una mirada antropológica y reniega de todo aquello que no sea 22 hombres en una cancha.

El pasado miércoles que jugó Argentina contra Trinidad y Tobago, Casciari ya estaba en Lima. Había calculado la diferencia horaria para poder ver el partido con tranquilidad pero cometió un error. En vez de restar las horas, las sumó. Cuando se sentó a ver el partido le llegó un mensaje: Argentina, 3; Trinidad y Tobago, 0. «Después vi cómo no le podíamos hacer un gol a Trinidad y Tobago hasta el minuto 46 e igual me frustré», cuenta en la puerta del centro cultural de la Universidad Católica, mientras saca su lata de tabaco, sus papeles de liar, y empieza a enrollar el primero de los tres cigarrillos que armará durante menos de media hora.

¿Te produce ansias previas el mundial?

–Tengo una teoría que elaboré hace unos días: la ansiedad mundialista tiene una edad.  No estoy sintiéndola y me parece que es porque tengo más de cuarenta. Generalmente faltando 10 días siempre he estado muy nervioso. No me está pasando. No estoy con expectativa de que Argentina le vaya bien. Sé que lo voy a ver desde un costado más antropológico. Si Argentina se va en primera ronda me queda Uruguay. Se lo estoy adjudicando a la edad, pero capaz que no es la edad.

¿Extrañas los nervios?

–Sí. Me gustaría tener todo eso. Durante mucho tiempo la vida para mí ha sido lo que pasaba entre un mundial y otro. Capaz que ahora tengo otras cosas en la vida que me interesan más, como mi hija. No sé qué carajo me pasa pero no estoy tan efusivo como hace cuatro, ocho o doce años.

¿Te preparas de alguna manera? ¿Eres de los que piensa en un televisor más grande meses antes?

–No creo que haya un televisor más grande que el que tengo. Pero sí me preparo para saber con quién lo voy a ver. En 2006 invité a Chiri (su mejor amigo y mano derecha en Orsai) para que fuera de Buenos Aires a Barcelona para ver el mundial con él. Cuando mi padre vivía lo invité también. No me gusta verlo solo. No me gusta verlo con españoles con los que no tengo códigos. Necesito estar con argentinos o con latinoamericanos cerca para vivirlo de una determinada manera. Lo que hago es preparar la casa, me hago un fixture muy grande de todos los partidos y dejo todo de lado para ver los tres partidos por día.

Usualmente el problema cotidiano es que el trabajo te quita tiempo para el mundial o el mundial te quita tiempo para el trabajo. ¿Te pasa?

–Yo ya decidí con tiempo que del 12 de junio al 12 de julio yo ya no trabajo en absolutamente nada. Mi vida está para ver el mundial. Tengo la suerte de no trabajar para nadie. Solo mi esposa me podría decir algo pero ya se acostumbró.

¿Cuál es el primer mundial que recuerdas?

–Tengo un recuerdo muy vívido. Mi hermana nació el 23 de junio de 1974. Yo tenía 3 años. Mi mamá estaba pariendo y con mi papá nos fuimos al frente porque estaba jugando Argentina contra Holanda donde perdimos cuatro a cero. Tengo ese recuerdo de irme y saber que me estaba yendo de una cosa muy importante por un capricho de mi padre. Pero no tengo un recuerdo futbolístico, es un recuerdo de una cosa rara que pasó en mi familia porque de ahí se peleó mi papá con mi mamá. ¡¿Cómo te vas a ir?!, le gritaba mi mamá. ¡Porque jugaba Argentina!, le respondía mi papá.

¿Cómo fue esa transmisión paterna de la pasión por el fútbol?

–Muy básica. Muy poco simbólica. Un día mi papá me subió arriba de una lustra-aspiradora que había en casa. Yo tenía 4 o 5 años y me dijo: vos vas a ser de Racing y de Argentina, no te va a gustar el boxeo salvo cuando pelee Nicolino Locche, vas a ser de Reutemann en automovilismo, vas a ser de Pairetti en turismo carretera. Fue como cuando te lavan el cerebro en una secta y yo salí para ese lado.

¿Nunca te dio ganas de salirte de esas órdenes?

–No, porque era la única comunicación que tenía con mi papá. Con él nunca pude hablar de libros o de cosas que me gustaran a mí particularmente. Pero tenía el deporte como elemento de unión, de conversación. Nunca dejamos de tener tema gracias a eso. Él era deportista y hasta mis dieciocho años que yo era flaco jugaba con él a casi todos los deportes a los que se metía. De hecho, el primer mundial que vi con mi papá muerto, que fue el de Sudáfrica, me costó muchísimo adaptarme a que no hubiera un llamado telefónico luego de cada partido. Para mí y mi viejo el deporte fue como una larga conversación.

¿Cuál es la particularidad de relacionarte con tu padre únicamente a través del deporte?

–En mi caso puntual, la ausencia de otro tema. No podíamos hablar de política porque no teníamos las mismas ideas, no podíamos hablar de libros porque él no leía. Entonces nos quedaba, por suerte, un elemento en común muy fuerte que era casi religioso: ser de Racing y de Argentina. Y sobre todo compartíamos mucho el hacer varios deportes. De hecho solo lo puedo recordar de pantalón corto.

Has contado que tu esposa no disfrutaba el mundial como tú.

–Yo estaba convencidísimo que en todo el mundo era como en mi familia o como en Argentina, que cuando hay un mundial las mujeres se desvivían. No tanto por lo deportivo sino por una sensación de manada. En Japón-Corea yo me tenía que levantar a las cuatro o cinco de la mañana para ver el partido y mi mujer no lo hacía. Ha sido el único mundial que he visto solo. Para peor nos echaron en primera rueda. Fue un mundial truncado, horrible y yo estaba muy nostálgico porque hacía poco que estaba fuera de mi país.

¿Consideras que Messi tiene una deuda con la selección?

–No, en absoluto. Lo que creo es que Messi es el primer ídolo argentino que no tiene camiseta. Maradona es la camiseta de Boca, Alonso es camiseta de River y así. Messi no tiene un grupo étnico en Argentina que lo arrope y entonces no le debe nada a nadie. Messi es tremendamente argentino. Ni si quiera ha perdido el acento y con eso me basta. Todos los esfuerzos que haga en el mundial van a ser muy bien recibidos.

Hay quienes dicen que esta vez Argentina es Messi. ¿Lo ves así?

–No. Con el tiempo empecé a entender –y de acá viene mi falta de expectativa– que un mundial son siete partidos donde cualquier tipo de eventualidad te cambia la historia. Un buen grupo, donde todos son amigos y están todos en su mejor momento de lo que quieras –están con la mina que aman, tienen un hijo de dos años- todo funciona. No importa el técnico, el fixture o si juegas contra Alemania el segundo partido. Obviamente tenés que tener un grupo de jugadores buenísimos que posiblemente Bosnia no lo tiene y Argentina sí. Pero si una cosa falla, si Messi se peleó con la mujer porque lo encontró chateando con una vedette dos días antes de un partido, perdemos el mundial.

¿Dónde queda lo futbolístico entonces?

–Ahora que todos los jugadores juegan en todo el mundo no pasa lo que pasaba hace cuarenta años, que un partido terminaba nueve a uno. A mí me gusta tratar de reconocer las sorpresas: ‘uy, mirá cómo está Costa Rica’. Me gusta eso, cómo van creciendo los débiles, cómo van perdiendo los grandes, los que quieren jugar solamente con el peso de su camiseta. Tengo curiosidad por saber qué va a pasar con esta España tan envejecida, qué va a pasar con Brasil jugando en su propia casa y que tengan que jugar con Uruguay y venga el fantasma del cincuenta, cómo va a tomar Holanda la revancha contra España en el primer partido, qué va a pasar con el España contra Chile que en 2010 fue muy jodido para España.

Es verdad lo de los débiles. No siempre el mejor partido es Argentina contra Inglaterra.

–Yo recuerdo un Paraguay contra Francia en el 98, un Camerún contra Inglaterra en el 90 que fue tremendo. Me interesa mucho cómo va cambiando la antropología geográfica del deporte y todo el tiempo estoy esperando que los africanos finalmente consigan llegar a la final.

¿Desde cuándo empezaste a ver el fútbol de esa manera más antropológica?

–Desde que vivo en España. El que Argentina se quedara fuera en la primera ronda en 2002 me obligó a ver el mundial de otra manera. Empecé a prestarles más atención a los países, las culturas, las emociones y ver cómo en un país extranjero se vivía el mundial.

Siempre has dicho que no soportas a las personas de corbata. ¿Cómo ves a la FIFA?

–El fútbol es un juego entre personas que, obviamente, se convirtió en un negocio y que lo maneja gente a la que le importa muy poco el juego de las personas. Les importa más el dinero  que se hace al respecto. A mí me gusta odiar todo eso. Necesito odiar todo eso para vivir tranquilo. A mí lo industrial me parece sucio y trato de disfrutar de lo que me dejan esos espacios. No puedo entender a la gente con corbata.

Y el mundial es su máxima expresión.

–Sí. Pero tampoco al jugador le interesa eso. Son las formalidades que tienen que asumir para formarse en su vocación.

¿Cómo sientes que ha cambiado el fútbol durante todos estos mundiales?

–A mí me parece que los grandes jugadores de fútbol, las grandes estrellas, están viviendo una burbuja económica que se va a venir abajo en cualquier momento. Cuando se venga abajo vamos empezar a ver un fútbol distinto. Si se acaban los jugadores como Ronaldo que se quitan la camiseta no por una pasión sino porque se lo pide una marca, sería todo mucho mejor (Ronaldo, en realidad, hizo el gesto para la cámara que viene grabando una película sobre él). Son chicos muy jóvenes con mucho dinero rápidamente y eso les quema la cabeza sin lugar a dudas.

¿Quién sería un ejemplo?

–España campeonó en 2010 porque eran amigos y eran pibes muy normales. No había ningún Ronaldo. Iniesta es como la catedral de lo que tendría que ser un jugador de fútbol en cuanto a virtud futbolística y como persona. Eso era un jugador de fútbol cuando el fútbol no estaba contaminado. Mientras tanto hay que disfrutar los partidos dentro de los 90 minutos con los 22 tipos de pantalón corto. Lo demás es pura mierda.

¿Te preocupan las protestas en Brasil?

–A mí me parece que no va a volver a pasar más en ningún lado. Ni en Rusia 2018 ni en Qatar 2022 ni en lo que venga, que el 100% de un país diga ‘bienvenido el mundial’. La globalización te va a dar un montón de gente en contra de que el mundial se haga en su país. Me parece que va a pasar siempre y que habría que tenerlo previsto en la agenda. Nada más.

Se han puesto frente a frente. Los problemas sociales contra el mundial.

–Bah. Va a pasar todo el tiempo.

¿Ves alguna final posible?

–Un Brasil contra Argentina en la final, independientemente de cómo salga, se podría convertir en mi cabeza en una pesadilla muy grande. No sé si lo podría soportar. Deseo que pase pero me da miedo.

¿Tiene un sentimiento particular jugarlo en Brasil?

–Ellos tienen un karma, un tremendo fantasma de lo que pasó en el 50. Tenían todo preparado y ahora también lo van a tener preparado. Para Brasil perder otra final en su cancha puede ser sintomático. Pueden seguir ganando muchas copas del mundo pero el mundo les podrá decir ‘pero nunca en tu casa’.

EXTENSIÓN: Futbol y prensa

Ya que estamos en el festival de la palabra. ¿Es lo mismo la prensa deportiva latinoamericana que la europea?

No. Por lo menos la Argentina y la Española, no. La prensa argentina no hace un medio para cada equipo. En España tienes el As y el Marca que son del Madrid y el Sport y El Mundo Deportivo que son de Barcelona. En Argentina hay un medio importante que es Olé, que es más periodístico, lo otro es más una pancarta institucional. En argentina son periodistas, en España empleados de los clubes.

¿Y en cuanto estética narrativa de la prensa deportiva?

Eso tampoco. Son empleados, no son talentosos. Es ilegible, burdo, tosco, torpe. Argentina ha perdido la gracia en los últimos años pero mantiene un talento narrativo. Son capaces de hacer portadas divertidas con buenos juegos de palabras.

¿Nunca te ha dado la curiosidad hacer algo editorialmente más deportivo?

No encuentro que se pueda decir tantas cosas. Lo más horripilante de la prensa deportiva en todas partes del mundo es que tengan que salir de lunes a lunes. Tienen que decir estupideces seis días a la semana sí o sí porque hay solo un día donde pasa algo.

¿Con qué narrativa del futbol te quedarías: con la previa de la expectativa en los diarios, la del locutor gritando en el momento o esa posterior más de victoria o pena?

Complicado. No sé. Cuando hay un buen relator es lo mejor. Pero tampoco hay grandes relatores. No siento que haya un cambio de Víctor Hugo Morales, por ejemplo. No creo que haya otro capaz de decir lo que dijo él mientras Maradona llevaba la pelota en el Argentina contra Inglaterra.

¿Es un lenguaje muy literario no? ¿Qué sientes que falta ahí?

Creo que a las escuelas de periodismo deportivo van demasiados chicos a los que les gusta el futbol y no el periodismo. A los que les gusta la narración y la literatura usualmente no eligen el periodismo deportivo. Por lo menos en España y Argentina hay una sobrepoblación de periodistas deportivos y solo porque les gusta el futbol, no porque se hayan leído 14 millones de libros. Tienes que leer 14 millones de libros para decir “barrilete cósmico” en el minuto exacto. No tienes que haber visto millones de partidos de futbol y no haber leído un libro.

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