Publicado originalmente en Tempus Noticias

Hace dos años, la artista plástica y modelo Teresa Bracamonte no sabía fotografiar pero tenía una idea: retratar la vida cotidiana de las transexuales de Lima. Hoy, sin querer, después de más de 35 mil fotos, su individual Lima Intrarrosa, parte de la Bienal de Fotografía, ha terminado coincidiendo con un debate nacional sobre los derechos LGTB. ¿De qué sirve una exposición fotográfica en una controversia social?

Lima Intrarrosa en el Centro Cultural de España en Lima (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)
Lima Intrarrosa en el Centro Cultural de España en Lima (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)

Cuando a Teresa Bracamonte se le ocurrió la idea de retratar a diversos grupos de transexuales limeños, el futuro del proyecto era bastante incierto. No imaginó que en esta tarea –en un principio destinada a presentarse en la escuela de arte en la que estudiaba pintura– la absorbería por más de dos años. Ni que culminaría en una exposición. Ni que sería parte del evento fotográfico más importante del país. Mucho menos que se inauguraría en medio de un debate nacional sobre los derechos LGTB y en la misma semana en que la famosa revista norteamericana Time sacara en portada a la actriz transexual de la serieOrange is the new Green, Laverne Cox. En realidad, incluso era incierto entonces el futuro de Teresa como fotógrafa.

Cristian Sotomayor, fotógrafo, amigo, guía y mano derecha de Teresa en este proyecto, asegura que sólo un día antes de comenzar a trabajar le pudo explicar algunas nociones básicas para el empleo de la cámara fotográfica. Dos años más tarde, Teresa, con 25 años y con Lima Intrarrosa, es la artista más joven con una muestra individual en la Bienal de Fotografía de Lima.

En un inicio la exposición se llamaría Lima Infrarrosa. Teresa quería jugar con la idea de la luz infrarroja, un tipo de luz sólo perceptible por el ojo humano en la oscuridad. Pero el concepto de infra podía tomar un tono peyorativo. Entonces, se decidió por la ‘T’ de intra, de inserción. En medio del debate público sobre la unión civil entre personas del mismo género, hablar sobre algún aspecto de la comunidad LGTB es un campo minado de expresiones políticamente correctas e incorrectas. ¿Cómo entender una exposición artística-documental sobre el día a día de las personas transexuales?

«Temas tan delicados como este siempre van a causar polémica. Yo he hecho todo lo posible por demostrar que esta minoría sexual no es tan diferente como la gente cree. Si uno ahonda en esas realidades ajenas empieza a descubrir aspectos similares», decía Teresa días previos a inaugurarse la muestra. «El solo hecho de poder mostrar 82 fotografías de un proyecto que he hecho durante dos años sobre el mundo transexual ya es un paso, porque es una realidad que la gente no quiere ver».

Este jueves 29 de mayo, en la inauguración de Lima Intrarrosa, está el antropólogo César Zamalloa. Apoyado contra una pared, con un chilcano en la mano, advierte que antes de ensayar una interpretación uno debe hacerse varias preguntas: ¿qué ha buscado la fotógrafa y qué ha conseguido?, ¿cuáles son los niveles de estética y denuncia en estas fotografías?, ¿nos concentramos más en la calidad visual o en las condiciones de vida de las personas retratadas? «Esa, por ejemplo», señala una imagen en la que aparece una transexual desnuda de nombre Darley gritando mientras le golpea un chorro de agua. «No sé cuál es la necesidad de una foto así cuando se tienen fotos como estas otras», apunta hacia la serie de Paola, una transexual que es retratada mientras camina en el barrio con sus amigas. «La pregunta más importante puede ser cuánta sinceridad hay en el proyecto. El hecho de que surja de una convivencia de dos años con estas personas es una prueba de que de hecho la hay», analiza. «Y si te percatas todas aparecen alegres, así que eso también puede ser un mensaje».

La alegría a la que refiere Zamalloa no sólo está en las imágenes. Teresa y algunos de los personajes retratados no dejan de fotografiarse entre ellos, con familiares o con amigos. Paloma Martinez, enfermera y transexual, lleva un vestido largo de color negro, un collar con una flor dorada, el pelo húmedo y maquillaje en el rostro. «No podía venir en jean», se ríe. «Cómo estoy vestida demuestra de qué magnitud es para mí  el trabajo que presenta hoy Teresa». Paloma dice ser un caso particular porque lleva seis años trabajando en una clínica privada donde la tratan como mujer. Sus rasgos le han permitido incursionar en el modelaje, donde conoció a Teresa, a quien le ofreció ser uno de los nexos con el universo transexual de limeño.  «Después de ver este tipo de fotos las personas podrán pensar un poquito antes de opinar de los demás y entender que no todo es como lo catalogan los medios de comunicación o la gente equivocada: de que el sinónimo de transexual es ser una enferma, prostituta, drogadicta o ratera».

Teresa Bracamonte en la inauguración de Lima Intrarrosa (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)
Teresa Bracamonte en la inauguración de Lima Intrarrosa (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)

A una semana de la inauguración de Lima Intrarrosa Teresa estaba resfriada. El día era frío y desde la noche anterior no había comido o bebido algo caliente debido a un corte eléctrico en la zona de Barranco en la que vive. A diferencia del largo vestido negro y el peinado de estilista que lleva en la presentación, días antes vestía un polo gris, un gorro de lana, un pantalón y botas de negras. Sentada en uno de los sofás beige de cuero del café, se le notaba agotada. El día anterior había posado hasta tarde para una sesión de fotos como modelo. A los 18 años, una tía la inscribió en un concurso para ganar un taller de modelaje. En ese entonces era una chica de zapatillas Converse rotas que, confiesa, buscaba cumplir con el estereotipo del artista. Pero su poco más de metro setenta y cinco y su contextura delgada le dieron un lugar para aprender a usar tacos. Esta vez su experiencia como modelo ha sido su principal herramienta para entender e inmiscuirse en el mundo transexual.

«No es descabellado decir que hay puntos parecidos, ¿sabes?». Cada tanto Teresa filtra un “¿sabes?” al hablar y baja la voz al decir “transexuales”. «De hecho ellas están en un papel performático al querer ser lo que sienten. En el modelaje hay mucho de eso porque es también adoptar roles. Como modelo este rol no es natural porque el diseñador te dice qué actitud quiere. Pero en la transexualidad ellas buscan proyectar lo que sienten», explica. Jorge Villacorta, curador de la muestra, ha escrito sobre Lima Intrarrosa que Teresa «explora una realidad […] dentro de la cual la definición de belleza y de atractivo sexual hallan un sentido profundamente asociado a la voluntad de ser y de ser diferente».

«Yo capté que Teresa le estaba dando un enfoque distinto, más detenido, más humano, que coincidía con mis anhelos», explica Maricielo, un exmilitar que es hoy una transexual que vende caramelos en la calle. Para la inauguración lleva unos aretes redondos y dorados bastante grandes, los parpados celestes, un saco negro, un jean oscuro que le queda corto y deja ver sus medias deportivas blancas, y unas zapatillas negras de cuero. «A pesar de ser una chica tan fina, que podría no estar metida en este tópico tan marginal, a ella no le importó. Más allá del interés del trabajo ella nos quería entender».

En las fotografías de la segunda sala se le puede ver a Maricielo ofrecer caramelos de limón a conductores detenidos en un semáforo, sentada en un escritorio de su casa escribiendo rodeada de libros y cuadernos, y en un retrato de su época de hombre militar, serio, con el traje y el quepí verde olivo.

Hace un año, Teresa invitó a Maricielo a tomar lonche. Después de una larga conversación sobre arte –las obras de Dalí, sobre todo– ambas supieron que se entenderían. «A ella creo que le sorprendió cómo podía estar contenta si la sociedad me había quitado tanto. Lo que estoy demostrando es que lo verdaderamente importante es vivir el sueño a costa de todo», cuenta mientras coge dos empanadas pequeñas que están repartiendo. «Yo le dije que si hacía un trabajo, tenía que hacerlo con un mensaje social verdadero. Una persona inteligente que vaya a ver la muestra tiene que comprender que dentro de las trans puede haber tanto científicas o artistas como también trans decadentes que no aportan nada, pero que al final su objetivo es el mismo: querer ser mujer».

Lima Intrarrosa en el Centro Cultural de España en Lima (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)
Lima Intrarrosa en el Centro Cultural de España en Lima (Foto: Diego Miranda / Tempus Noticias)

Después de ocho meses de haber empezado el proyecto, Teresa se adentró en la información académica. Lo suyo no son las teorías. Prefiere estar en el lugar, conversar y tratar de entender lo que ve. Ahora que lleva clases teóricas de arte y anda con sus fotocopias universitarias para poder conseguir un título profesional, dice que sí, que es interesante, pero lo dice con una voz de quien roza la resignación. Durante el proyecto, su padre, sociólogo, le enviaba constantemente artículos a su correo. Tienes que leer esto, tienes que informarte, le escribía. Cuando lo hizo, lo hizo para corroborar lo que le contaban Paola, Darley, Bella, Brenda, Yasmin, Fabiola, en sus cuartos, en el trabajo, en celebraciones familiares y en medio de los momentos del maquillaje y la producción femenina.

¿Por qué la mayoría de transexuales que conocía se dedicaba al trabajo sexual? Ahí estaban las cifras de la ONU. La discriminación ha reducido sus opciones de trabajo a tres áreas: 63% de las mujeres trans se dedican al trabajo sexual; un 27% a la cosmetología; y un 10% realiza actividades relacionadas a la cocina, lavandería, repostería. ¿Era coincidencia que casi todos fueran menores de 50 años? Según la Defensoría del Pueblo la esperanza de vida trans, debido al VIH, se ha reducido veinte años.

Pero Teresa no ha podido encontrar aún registro sobre lo que ella llama ‘las invenciones’. Poco a poco, fue descubriendo cómo todas las relaciones familiares han sido reestructuradas entre las trans. Hablar de abuelas, madres, hijas y hermanas, no tiene nada que ver con lazos biológicos, sino con sentimientos de cariño, respeto y supervivencia. Cada uno de estos detalles ha guiado la selección de las 82 fotografías –de más de 35 mil– y estructurado la narrativa de la exposición que ocupa las tres salas del Centro Cultural de España en Lima.

En el Perú, lo más cercano a Lima Intrarrosa ha sido el proyecto conceptual El museo travesti del Perú, del artista Giuseppe Campuzano, que reunió las menciones a los travestis en archivos del siglo XVI hasta el XX. En otros países, los transexuales han sido más retratados en estudios profesionales de fotografía que en su día a día. El trabajo de Teresa, como el proyecto Transcuba de Mariette Pathy Allen o el de la fotógrafa americana Ariel Zambelich sobre un gerente de finanzas que decidió ser mujer, no limita la transexualidad a los cuerpos, sino que capta el ambiente en el que habitan y los gestos que producen.

En una coyuntura donde los diarios, noticieros y políticos se han estancado en declaraciones sobre la naturalidad de la comunidad LGTB y sus derechos, el trabajo de Teresa es la posibilidad de ver parte de esta realidad sin las barreras de los datos científicos, los credos religiosos o las intenciones políticas.

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