Publicado originalmente en Asia Sur #155 

El DJ y productor más capo del momento se formó escuchando los sonidos tradicionales y urbanos de las calles de Monterrey, y se volvió un autodidacta de los sintetizadores y las consolas. Ahora, después de haber sido el hombre que pinchaba los discos en Control Machete y haber producido los discos de gran parte de los íconos de la música latina actual, Toy ha encontrado en la Red Bull Music Academy la posibilidad de convertirse en el mentor de los futuros pinchadiscos. El hombre de la calle llega a la academia.

Toy Selectah (Foto: Difusión)
Toy Selectah (Foto: Difusión)

Toy Selectah no es un nombre muy conocido, pero basta con recordar al callado miembro de Control Machete, el que no rapeaba salvo en los coros y solo movía la cabeza en los videoclips, para saber quién era el genio que controlaba cada uno de los sonidos de la legendaria banda mexicana de hip hop. Y si no, ahí están algunas de las canciones más conocidas de Calle 13, Café Tacvba, Manu Chao, Don Omar, Gustavo Cerati, Juanes, Julieta Venegas o Alejandro Sanz para escuchar su trabajo como productor musical. Y si no, también está esa nueva corriente que mezcla ritmos urbanos modernos con la música tradicional de Latinoamérica que impulsó junto con el colectivo mexicano Sonidero Nacional. Y si no, ahí está el reguetón, que desde el sello Machete Music hizo que se apoderara de todas las radios. Toy Selectah es uno de los hombres más importantes detrás de la música latina por estos días.

Pero esta mañana, en un café de Miraflores, el DJ formado en las calles de Monterrey luce agotado. Para un músico obsesivo que trabaja diez horas seguidas en el estudio –siempre a partir de las 6:00 p.m.–, dormir hasta tarde es algo natural. Las amanecidas le han rendido frutos. Toy Selectah es el ícono en Latinoamérica de la Red Bull Music Academy, la institución que recorre el mundo con una serie de talleres dirigidos por los más importantes representantes de la música contemporánea. Sesenta seleccionados terminarán este año en Tokio para planear cómo conquistar el mundo con sus hits.

Durante los ocho años que trabajó con Control Machete, Toy se dedicó a mezclar ritmos y sonidos urbanos, las giras con la banda le permitieron conocer toda Sudamérica y entender con mayor claridad lo que había percibido en su ciudad, Monterrey. Ahí, en los ochenta, mientras la salsa se consolidaba en Cuba, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, Panamá e incluso Japón, en Monterrey se arraigó la cumbia. «Todo esto me forjó un criterio amplio y un entendimiento de que los géneros están ligados a culturas de distintos lugares», cuenta Toy. Para él era sencillo: lo que Nashville era para el country, Monterrey lo era para la música norteña.

Mezclas del barrio

De no haber sido músico, Toy Selectah habría sido antropólogo. Cuando habla de música, habla de dinámicas, corrientes, culturas, microtribus. La música para él no es simplemente sonidos con ritmos, sino también fenómenos sociales. «La dinámica sónica de la ciudad es entender que vives en una urbe muy grande, con mucha gente, y que hay muchas especies de microtribus o de pequeñas cosas que suceden al mismo tiempo y que convergen en algún momento. Entenderte como una persona que crece en una ciudad así te permite descubrir sonidos», dice Toy. Eso y el reto de animar fiestas de quince años o las de sus tías o abuelos le hicieron comprender que lo más importante era estar abierto a todo, tener la mayor cantidad de fuentes y recursos musicales para hacer reventar cualquier fiesta, sea en la tribu que sea.

Todo comenzó de pequeño, cuando descubrió en el tocadiscos de su casa el ecualizador con el que podía manipular la dinámica de los sonidos a través de perillas. Primero fueron puestos en tiendas de música y luego los equipos de sonorización para conciertos y conferencias. Aún en la preparatoria –cuando solo se llamaba Antonio Hernández– tuvo que aprender a mezclar y entender el lenguaje de los sonidos. Ser DJ en los ochenta no era fácil. El celular era una novedad, apenas se había inventado la primera computadora IBM, el CD y el sistema operativo Windows. «No tiene mucho que ver qué usas, sino cómo te adaptas. Soy de una generación en la que no había YouTube, pues este era la calle y había que salir a descubrir qué pasaba», recuerda.

Una vez que empezó a hacer remixes por su cuenta, después de Control Machete, Toy Selectah se demoró en encontrar un sonido que le gustara, hasta que empezó a pinchar discos de la música mexicana y colombiana. El acordeón de Celso Piña, el pionero mexicano de la fusión de los sonidos tropicales con géneros populares, así como el acordeón del colombiano Andrés Landero o los teclados del argentino Pablo Lescano, uno de los fundadores de la cumbia villera, han encontrado en los remixes de Toy nuevas velocidades y versiones.

Explorar esos sonidos no ha hecho que el DJ se encasille. Al contrario, en el 2010 la banda neoyorquina Vampire Weekend, recientemente ganadora del Grammy a mejor álbum de música alternativa, le pidió que hiciera también algo con su segundo disco, CONTRA. Toy escuchó y decidió que todos los sonidos del disco eran excelentes y que él no debía agregarle nada. Lo que creó fue CONTRAMELT, un resumen del disco en dos tracks de cinco minutos en que Toy solo remezcló los sonidos de la banda, y duplicó su velocidad, reiteró frases de algunas canciones y le dio un ritmo bailable. El disco se regaló por la compra del disco principal.

El tiempo ha corroborado una de las premisas que el DJ ha aprendido del escritor y sociólogo Malcolm Gladwell: después de 10 mil horas de practicar cualquier actividad, te haces un experto, un maestro en eso. Toy Selectah es eso para la Red Bull Music Academy. «Agradezco que el cosmos me haya ayudado a encontrar el camino para transmitir mi conocimiento en este momento», dice el músico. «Me fascina que a través de las ideas se sigan generando oportunidades para pasarla de madre».

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