Extracto de Un fotógrafo con pinta de niño consigue primeras planas. Publicado originalmente en Tempus Noticias.

Hace 14 años, el carro en el que viajaba el defensa de Alianza Lima, Sandro Baylón, se estrelló contra un poste de luz en la Costa Verde. Pedro Cárdenas, el fotógrafo que retrató al futbolista para la posteridad y que se convirtió en su amigo y vecino durante sus últimos meses de vida, registró también la tragedia aliancista.

Sandro Baylón agradece el gol a Dios y el fotógrafo Pedro Cárdenas captura el momento para la inmortalidad. (Foto: Pedro Cárdenas)
Sandro Baylón agradece el gol a Dios y el fotógrafo Pedro Cárdenas captura el momento para la inmortalidad. (Foto: Pedro Cárdenas)

Una tarde lejana de 1999, en el estadio de Matute, Sandro Baylón anotó el gol que le dio la victoria a Alianza Lima frente a Sporting Cristal. En una salida fallida de los visitantes, Baylón robó el balón a dos metros del área. Tenía tres celestes enfrente. Uno se barría con la pierna en alto para tumbarlo. Sandro lo vio venir y puso un pase sombreado hacia el interior del área que Waldir Sáenz le devolvió de pared con la cabeza. Baylón cruzó la defensa. La pelota dio un bote en medio de todos. Cayéndose, le metió un zapatazo a ras del suelo. Cuando vio la pelota dentro, se puso de pie y corrió a la esquina de la tribuna de Occidente con Sur.

El fotógrafo Pedro Cárdenas, hoy dedicado a retratar las pasarelas, se había metido en la zanja del estadio que separa la cancha de las tribunas. Quería que sus fotos salieran desde el césped, como en Europa.  Un policía le preguntó qué diablos hacía ahí. Pedro lo sobornó con las galletas y los caramelos que siempre lleva en la mochila. La primera vez que Pedro pisó una cancha (sin ser el torpe arquero de los recreos del colegio), Martín Alvarado, reportero gráfico del diario Ídolo, le dijo: “ven blanquiñoso de mierda” y le trazó en un papel la lógica fotográfica de un estadio de futbol. En el córner están las mejores fotos, aprendió. Lo tenía claro. Pedro disparó su cámara Nikon desde ahí ese tarde. La velocidad en 1400, el lente abierto en  2.8. Autofocus. Error. El lente se fue. Baylón seguía acercándose. Disparó dos veces más. Tres fotos al final: dos desenfocadas y una cuajada.

En la foto, Baylón parece una vela encendida. Parece quieto, que estuviera bendiciendo una comida con las manos unidas sobre su pecho. En el fondo el público aliancista se convierte en una paleta de acuarelas que lo enmarcan. Esa tarde era la despedida del delantero Claudio Pizarro que haría historia en el futbol alemán, pero fue la foto de Baylón la que apareció en portada al día siguiente.

***

Pedro se despertó y miró por la ventana. El carro de Baylón estaba estacionado fuera de su departamento en Miraflores. “¿Qué haces acá?, este lugar es para blancos”, le bromeó cuando lo vio. Ambos habían entablado cierta amistad por la frecuencia con que Pedro se aparecía en los entrenamientos y partidos de Alianza Lima para sacar fotos para el diario deportivo El Gráfico. Ahora eran vecinos.  Dos departamentos del edificio eran del club. Desde entonces ambos conversaban un rato cuando se cruzaban. El defensa central de Alianza Lima siempre le pedía que le regalara las fotos que le tomaba. Pedro sabía cuándo y con quién salía ‘el negro’, como le decía. La última tarde de 1999 también se toparon. Baylón le dijo que pasaría el Año Nuevo con unos amigos. Pedro la pasaría con su novia.

***

Serían las cuatro de la mañana, calcula Pedro. El portero del edificio golpeó su puerta una y otra vez.

-¡Pedro, levántate! -gritaban desde afuera. Pedro abrió los ojos. En su celular había una infinita cantidad de llamadas perdidas desde la redacción del diario.

-¿Qué pasa? -le preguntó aún semidormido al portero cuando abrió la puerta.

-Lo he escuchado por la radio. Tu amigo, huevón, tu amigo… -le dijo desesperado-. Pedro recordó el celular.

-¡¿Dónde mierda estás?! -le  gritó su editor cuando Pedro por fin le devolvió la llamada-. Coge tu carro ahora mismo y anda a la Costa Verde.

***

Baylón tenía un porte espigado y macizo que lo hacía el símbolo de la defensa de Alianza Lima. Lo que veía Pedro ahora era otra cosa: un cuerpo aplastado entre los fierros de un coche empotrado contra un poste de luz. “Negro concha tu madre”, pensó Pedro.  Mientras la gente se preguntaba si Baylón habría llegado o no al siglo XXI, Pedro le sacó las últimas fotos. Lloraba mientras lo hacía, herido por el cruce de los sentimientos personales y los deberes profesionales.

Sandro Baylón, el hombre que corrió mirando al cielo con las manos juntas después de cada uno de los nueve goles que anotó con Alianza, había muerto. Horas más tarde los curiosos e hinchas se fueron acercando al lugar con flores, camisetas y posters. En el poste de luz colgaron varias imágenes del jugador. Entre ellas la de Pedro Cárdenas. Ahí, con las manos juntas, Baylón se rezaba a sí mismo.

Después, Pedro se hizo aliancista.

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