Primeros dos números de Buensalvaje. Enrique Vila-Matas y Rubem Fonseca.
Primeros dos números de Buensalvaje. Enrique Vila-Matas y Rubem Fonseca.

La revista peruana Buensalvaje, con cuatro números ya, se atreve a llenar gratuitamente un vacío que nadie más, con mucha maquinaria empresarial detrás, se arriesgaba a subsanar.
¿Puede nacer una revista de literatura en una sociedad que se empecina en creer que no lee?
Esta era su segunda presentación. 

Perfil editorial. Dante Trujillo se iba a levantar temprano, escribir algo para la noche, almorzar, leer algo, dar una entrevista, se reuniría con su equipo un rato, iría a ver la presentación del escritor argentino Fabian Casas –con el que está fascinado desde que leyó su última obra, Los Lemming – y luego, así tan tranquilo y literario como sonaba todo, presentaría el segundo número de Buensalvaje, la primera revista masiva de literatura del Perú.

Minutos antes de la entrevista tuvo que llamar de emergencia al periodista.

– Oye, compadre, se me ha complicado todo, te voy a tener que cancelar, estoy hecho un loco y ni tú ni yo vamos a estar cómodos – dice con la voz agitada. Antes de que le respondan algo, cuelga.

A su presentación llegó apenas unos minutos antes, transpirando. Se perdió la presentación de Casas. No había escrito nada. Improvisó.

– Es que no tenemos experiencia haciendo cosas así. No soy una persona pública– dice días después en las oficinas de Solar, su editorial, en un décimo piso en el centro de Miraflores. Ese es su hábitat. Paredes amarillas decoradas con los personajes del dibujante Amadeo Gonzales, sofás de colores, polo blanco cuello V, pantalones cargo, zapatillas de correr marca Adidas y café calentado en microondas.

***

Dante tiene 39 años y, recién o por fin, ha hecho realidad la revista de literatura que siempre quiso, esa que la mayoría de universitarios de letras quieren hacer. O por lo menos la que él, Alejandro Neyra y Carlos Yushimito querían hacer en la universidad. Los tres son el Comité del Aire de Buensalvaje, o sea, amigos conectados por Skype. El comité central, el terrenal, son la subeditora Paloma Reaño, la editora gráfica Angélica “Pepa” Parra y la productora Karina Zapata.

En el primer número de la revista, Paloma escribió que hace mucho tiempo hacía falta algo bonito para llevar entre las manos al subir a un micro o entrar al baño. Pepa dijo que ahora se iba tranquila a dormir sabiendo que estaba cumpliendo su acción guerrillera.

La publicación engreída de cuatro gatos de la Editorial Solar, el sueño cumplido de gente a la que le gusta leer y el primer proyecto que un empresario eliminaría.

Buenasalvaje no es una revista que se tenga que comprar para leer, sino una revista que unos cuantos pueden hacer perdurar. Paga uno, leen diez. Los ejemplares están ahí, gratis, en las universidades, centros culturales, librerías, cafés. Si te gusta y puedes, te suscribes. Setenta soles al año, seis ejemplares en la puerta de tu casa, descuentos en algunas librerías y teatros, un polo y una bolsa de tela como para el pan. Nueve personas que, por otro lado, pueden necesitar para el pan, la siguen leyendo. Gratis.

Pero las suscripciones nunca han tenido buena fama en el país. El diario más grande del país luchó mucho tiempo para hacer calar esta práctica. Aun hoy operadores del diario llaman a las casas ofreciendo el servicio. A veces, incluso, dos veces por semana. Pero el diario terminaba en otra dirección, llegaba para el almuerzo o era uno el que terminaba llamando para  reclamarlo. Lo único que llega fácilmente a las casas peruanas son los recibos de luz, agua y teléfono. ¿Puede una revista de literatura ser tan indispensable como un recibo para el peruano?

Solar subvenciona el proyecto con un mínimo riesgo económico y tiempo de su personal. Desde que decidieron sacar Buensalvaje, los jefes de Paloma, Pepa y Karina tienen más trabajo. Lo que cada una de ellas deja de hacer por dedicarse a la revista, lo hacen ellos. Pero no había otra. Era el momento.

El crecimiento de la empresa, del conocimiento y de los contactos coincidía con la necesidad de desaburguesarse de Dante. Desde que tuvo sus dos hijos y formó una familia, leía y editaba libros únicamente como forma de desfogue.

En la pestaña de la web que dice <Quienes hacemos esta revista tenemos algo que decirte>, escribieron: “Trabajamos en una empresa que desarrolla productos editoriales de primer nivel. A eso nos dedicamos. Pero la idea de sacar adelante una publicación que leamos por placer no nos dejaba tranquilos”.

Buensalvaje es para todos, sí. Pero busca personas con un mínimo de afán por los libros. Buensalvaje ha creado un nuevo perfil de consumidores para los anunciantes: universitarios, personas con un vínculo con la lectura, con estudios superiores. Teatros, librerías, cafés, grupos culturales, ahora tienen dónde anunciar.

Por eso no buscan anunciantes, los esperan. El Centro Cultural de España y la librería El Virrey fueron los padrinos en el número uno, ahora la editorial Planeta y el Centro Cultural Peruano-Japonés se han sumado solos, atraídos.

– Lo que podría parecer descabellado, regalar revistas literarias, a lo mejor no es tan descabellado. – dice Dante ojeando la revista. Pocas veces mira a los ojos.

Pero la literatura es cara. Ni el mismo Dante sabe cuántos anunciantes necesitaría para pagarle, por ejemplo, solo al escritor boliviano Edmundo Paz Soldán por un cuento. Y el segundo número tiene el cuento. La historia de un niño que acompaña a su padre a vender drogas. ¿Cómo? Porque a Paz Soldán ni se le ocurre preguntarle a Dante por un pago. Porque la literatura también es fraterna.

– Cuanto más capos, más rápido la captan – dice Dante, aliviado.

Durante muchos años, Etiqueta Negra, la revista de crónicas más reconocida de Latinoamérica, hizo lo que Dante espera dejar de hacer cuanto antes: explicar a cada uno de qué va la publicación hasta que al otro lado del teléfono o la pantalla ese que se veía como colaborador se sienta más bien cómplice.

En los círculos más iluminados de los proyectos editoriales que emergen en el continente, hay quienes dicen que la gratitud degrada el trabajo editorial. Dante lo sabe y por eso, inmediatamente, aclara:

– No nos sentimos orgullosos de eso – dice Dante ahora incómodo – Pero o sacábamos la revista diciendo la verdad o no la sacábamos. Elegimos sacarla. Cuando uno publica es porque quiere que lo lean. Si no solo escribes. Lo que le ofrezco a Edmundo (Paz Soldán) como hasta al que usa un seudónimo por pudor, es respeto, edición y que llegue a diez mil personas de las cuales el setenta por ciento será su público.  – Se queda callado y cuando intenta iniciar otra oración pregunta en qué estaba. Siempre lo advierte: que no es bueno  para hablar, que se pone en blanco.

– ¿Por qué hacer una revista cuando toda la gente dice que no lee? – le preguntaron hace poco en una presentación.
– Porque yo creo que la gente sí lee – respondió. Punto.

Un mes antes de que la revista saliera a las calles, un manifiesto con tono apocalíptico titulado La revolución no se televisará empezó a circular por las redes. En él se denunciaba que muchas de las cosas que en el país se creían verdad absoluta, eran solo pretextos. Se refería a una “verdad” en particular: que en el Perú nadie lee. Entonces, quienes escribían, amenazaban con demostrar lo contrario. ¿Cómo? Con una revista gratuita de literatura no solo para leer, sino, además, para releer.

Solar produce revistas que llegan a tirar cada dos meses medio millón de ejemplares. Buensalvaje hoy tiene ciento cincuenta suscriptores y tira diez mil ejemplares para diez millones de habitantes.

– Buensalvaje no representa nada. Pero va a jalar una cadena. Hace que nos vean ya no solo como una editorial de contenido empresarial, sino también literario, que nos vean bonito. – Cuando Dante habla lo hace rápido. Pareciera que pensara en cinco o diez cosas a la vez. Que a la mitad de una oración se le ocurriera otra.

Con el presupuesto fijo de un solo anunciante se atrevieron a llenar un vacío que nadie más, con mucha maquinaria empresarial detrás, se arriesgaba a subsanar porque, dicen, en este país nadie lee.

El primer número trajo en portada toda la frente del escritor español Enrique Vila-Matas, a quien entrevistaban sobre fe, independencia, amor desmedido por la literatura y la creación, y de cómo diluirse en palabras. Escribían, además, Hernán Casciari, Martín López de Romaña, Jaime Bedoya, Jorge Volpi, Marco Avilés, Carlos Eduardo Zavaleta y otros. Escribían ensayos, cuentos, columnas de opinión, poemas y, sobre todo, reseñas.

Buensalvaje N°1
Buensalvaje N°1

La segunda entrega presenta toda la calvicie de Rubem Fonseca, el escritor brasileño que no da entrevistas y que tampoco se la dio a Buensalvaje. El formato es convencional y se repite. Esta vez, la resurrección del debate literario está a cargo de textos de Oscar Malca, Francisco Ángeles, Leonardo Aguirre, Edmundo Paz Soldán, María Luisa del Rio, Fernando Ampuero y otros. También ensayos, cuentos, columnas, poemas y, sobre todo, reseñas.

La mitad de la revista son reseñas. Treinta y ocho libros reseñados en dos números. Si un periódico le brinda ciento ochenta palabras a un libro cada cierto tiempo, aquí el menos privilegiado tiene el doble. Para los otros, quinientas, ochocientas o mil quinientas palabras. Una revista para leer sobre lo que hay que leer.

– Pretendemos ser positivos. Si hubiese muchas revistas y muchas reseñas literarias, podríamos darnos el lujo de criticar algunos libros que están sobrevalorados. Pero al no haber ni mierda me parece un desperdicio de palabras decir que no leas tal cosa que igual, probablemente, nunca ibas a leer–. Las palabras se cuidan.

***

– ¿Acaso no se dan cuenta que todas las personas que aparecen en las fotos de sociales en los periódicos y revistas están en eventos culturales? – preguntó el escritor Fernando Ampuero en la presentación del segundo número de la revista – Buensalvaje aparece en un momento de crisis de la cultura. No porque no haya una gran producción en el país, sino porque los diarios, que son los altoparlantes que tiene la cultura, ignoran los productos culturales. No hay algo que se pueda llamar el registro de la actividad cultural y esto es lo que propone Buensalvaje con la gran cantidad de reseñas de libros que muestran la cultura viva. Es un rayo de luz en la oscuridad cultural. – Mientras hablaba, en realidad, todos leían el nuevo número de la revista.

Los espectadores están ocultos detrás del tabloide abierto. Pareciera, por el contrario, que están atentos, que todos tuvieran la misma pelada y mirada fija que Fonseca tiene en las portadas que miran la presentación.

Buensalvaje N° 2
Buensalvaje N° 2

Solo cuando el periodista y cronista Daniel Titinger anuncia que va a contar una historia, todos dejan ver sus rostros y diferencias. Titinger abre los diarios del escritor Julio Ramón Ribeyro en la página 575 de su edición de la editorial Seix Barral y lee.

Es 1977 y Ribeyro está en París con la máquina de escribir malograda. Acaba de presentar su cuento Conversación en el Parque a unos amigos y lo han destrozado. Ha regresado a casa con unos amigos y hablado sobre la revista literaria que tienen pensado publicar. Él ha propuesto dos nombres: Buensalvaje y Puerta Falsa.

Titinger se quedó helado cuando le preguntó sobre ello a Dante y este le juró que no conocía ese dato. Y Dante se quedó helado cuando Titinger, efectivamente, le confirmó el hecho en un correo.

– Todo parece coincidencia pero no lo es porque todo lo que tiene que ocurrir, ocurre – continua Titinger. Su voz se ha entusiasmado. – Hay algo que desconocemos y nos habita que nos lleva instintivamente a hacer realidad  las obras que otros imaginaron. Esta es sin duda la Buensalvaje que Ribeyro imaginó. Una revista para leer lo que hay que leer. Una revista que hacía falta desde esa madrugada de 1977.

En la primera editorial de la revista, Dante escribió que de conseguir el sueño de que la revista sea leída, despertaría tan feliz como un niño en sábado.

Dante, hoy, está feliz y es sábado. A Dante se le hace difícil hablar, no ha podido escribir nada para la presentación y encima, ahora, está emocionado. Entonces se pone a leer el nombre de cada uno de los colaboradores como agradecimiento. De pronto, sí, se cuelga.

– Ven, ya me colgué – le dice al público.

Pepa, desde el fondo del pequeño anfiteatro, grita en su auxilio.

– ¡Lee, sigue leyendo!

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