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Para Yordt

Siempre he odiado bailar sin tragos de por medio. Es muy difícil. Uno piensa mucho si está totalmente sobrio y con la sangre fría. Pero llegó ese día que escuché Jamiroquai y entendí que el funk era algo así como subir la temperatura. Me empecé a comprar Adidas de colores y a bailar a escondidas. A saltar hacia la cama para rebotar con un pie y caer de nuevo al suelo dando una vuelta en el aire. Canned head, sí. En el colegio muchos decían que ese pata con cabeza de mapache galáctico era para mujercitas. Muy gay. Incluso un amigo del colegio se mandó a diseñar un gorro negro como el de la portada de Emergency on planet earth. Cuando llegó su cumpleaños ya tenía su tan esperado tesoro pero no se atrevió a usarlo frente al grupo de amiguitas que esperaban del otro lado de sala. Otro amigo del barrio, mucho mayor que yo, enganchó también con los soniditos y la onda de día soleado perpetuo que sentíamos cuando escuchábamos esos discos. Casi a la par fue que empezamos a comprarnos las zapatillas. Yo, al principio, solo me atreví con unas Adidas negras con rayas rojas. Él se mandó con unas azules con rayas naranjas. Estuvo a punto de hacerse de unas naranjas con rayas blancas o unas azules con rayas amarillas. Eran alucinantes. Aún entre el mareo de colores de Polvos Azules, resaltaban. Yo le dije que no, que no se pase. Mucha guachafada. Entonces se quedó con las azules con naranja, que eran más oscuras. A la semana yo fui por mi lado y me compré las azules con amarillo chillonas. Cuando las vio no dijo nada. Lo siento. Con el ritmo en los pies no fuimos a bailar. Más bien, nos paseábamos por algunas galerías buscando las zapatillas exactas que usaba Jay Kay en el concierto Live in Verona. Nunca las he visto. Cuando veo unas similares reconozco las diferencias. Las tengo estudiadas. Pero todo esto de las zapatillas era, en realidad, un método forzoso para tratar que algunas cosas cambien. Pensábamos que con esas zapatillas había más posibilidades que en alguna fiesta, al sonar una de Jamiroquai – si es que sonaba- las mujeres se pondrían tan ricas y se desenfrenarían tanto que la chela se convertiría en champagne y los taxis en Ferraris. Pero no. Siempre la misma mierda de Chichi Peralta y ni taxi, si no micro, y la realidad de tener pocos años y las amigas pocas tetas. Jamiroquia dejó los instrumentos de viento, yo me mudé y mi amigo también. Cada quien en lo suyo. Pero él sigue consiguiéndose buenas zapatillas de colores y yo cada tanto le pongo pegamento a las suelas de las mías. Es un poco como seguir andando juntos y tratando de que el verano se mantenga.

Han pasado muchos años y Jamiroquai toca hoy en el Estadio Nacional con otras versiones de la buena vida que son Los Amigos Invisibles e Illya Kuryaki & The Valderramas. Hoy podría por lo menos ir en taxi y mis amigas, ahora sí, se desenfrenarían y esperaríamos, juntos, el milagro del champagne.

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