@maudelfin en las redes sociales (Obra de Nick Cave)
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ENTREVISTA: Políticas culturales

Mauricio Delfín es de esa nueva especie que trabaja por visibilizar y fortalecer un sector cultural que se cuajaba en la improvisación continua. Ahora, con un ministerio, una puesta municipal nueva y una ciudadanía con cultura viva, ¿de qué hablamos cuando hablamos de políticas culturales en el país?

En 1997 Mauricio Delfín llegó a Montreal para ser pianista. El 22 de diciembre de ese mismo año en México, de donde él acababa de regresar como turista, un grupo paramilitar incursionó en la zona zapatista de la comunidad Acteal, en las alturas de Chiapas, matando a 45 personas entre niños y niñas, adolescentes, mujeres y hombres adultos. El enfoque conservador de un conservatorio como el de McGill resultó demasiado estrecho para que Mauricio Delfín comprendiera por qué había ocurrido semejante atrocidad. Del espectro musical pasó al espectro antropológico seducido por los trabajos de campo que tiempo después llevaría a cabo en el país de Emiliano Zapata.

Actualmente, con 32 años, es el menor de una generación de expertos en políticas culturales que trabajan por insertar la cultura en la idea de desarrollo de la ciudadanía y las esferas del poder. A diferencia de su padre, el escultor Víctor Delfín, su trabajo lo ha enfocado en la promoción de las artes y la tecnología, la gestión de políticas y la articulación de un sector cultural en el que sus representantes no se sentaron a conversar y debatir hasta el año pasado que organizó el Primer Encuentro Nacional de Cultura.

En el 2001 fundó Realidad Visual, una organización que le costó hacer entender que no era sólo de arte sino también de desarrollo. Desde el 2004 es director del Festival Internacional de Video/Arte/Electrónica (VAE). Y en el 2005 fundó CULTURAPERU, un espacio de encuentro y articulación del sector, con un directorio donde hoy figuran 116 asociaciones culturales, 54 colectivos, 24 centros de investigación, 171 gestores culturales, 103 artistas, 36 periodistas, 78 docentes, por mencionar algunos.

Está estudiando en Nueva York una maestría que parece una síntesis de su trabajo: Medios, Tecnología y Cultura. Aquí analiza una apuesta cultural que se mediatizó únicamente con la retórica de una desorientada Susana Baca, pero que ahora parece haber encontrado en Luís Peirano un representante más certero para un ministerio nuevo, en la comuna limeña una apuesta seria y en la sociedad civil una motivación desatendida hace ya mucho tiempo.

En el IV Congreso Iberoamericano de Cultura del año pasado se insistió en la idea de que debido a la crisis política y económica ha llegado la hora de la que la cultura se presente como un punto clave en la concepción de desarrollo de las naciones. ¿La crisis económica abre la oportunidad para plantear a la cultura como eje de desarrollo o más bien afecta los logros alcanzados como en España?

Desde la visión tradicional de la cultura, la cultura es un lujo. Cuando no hay plata, darte lujo no es lo más adecuado. Es lo que te dicen las abuelas. Si la consideras como un espacio desde el cual puedes promover la cohesión social, no es un lujo. Es la diferencia entre pensar en mandar policías para que no haya pandillas juveniles y pensar en generar centros culturales para que haya menos delincuencia. En Inglaterra el ministro de cultura acaba de decir que en época de crisis es cuando hay que invertir más en cultura porque la gente necesita sentir que el mundo todavía no se ha partido en cuatro pedazos. En España lo que hicieron fue cortar todos los servicios sociales de la manera más neoliberal que te puedas imaginar. Una estafa al Estado social. Por eso el discurso de que la cultura es importante porque es cultura no pega. Justamente hay que pasar al argumento de cómo la cultura nos aporta para el bienestar social.

¿Es difícil hablar de cultura en el Perú?

Sí. A mí me pasó que era muy técnico. Yo venía de una educación canadiense donde el tema ciudadano, de los derechos, de la diversidad, de las políticas para el desarrollo, son una cosa muy cercana. Trataba de darle a lo que estaba haciendo en arte y cultura la misma seriedad. Pero me di cuenta que no había información a la mano de este sector. Si bien sabías que había cosas pasando en todas partes, no había mapas de ello y te dabas cuenta que era un sector sumamente menospreciado. Nos costaba mucho articularnos. Aún hoy es difícil autoeducarte en gestión y política cultural. Carecemos de una tradición de producción de información en política y gestión cultural.

Políticas culturales es un término con dos palabras que hasta hace poco se podrían haber considerado antagónicas. ¿Cómo hacer entenderlas?

Sí, es cierto. El otro día un experto decía que cuando alguien a él le pedía que definiera cultura decía que ponía la cultura en el mismo lugar donde ubicaba la palabra unicornio. Es decir, ya no hacía definiciones porque le parecía innecesario. Uno puede hacer el trabajo de hacer una historia del concepto de política cultural y sus nociones actuales, pero yo creo que lo más valioso ahorita es hacer entender cómo, siempre, se va transformando a partir de las necesidades que tienen las personas. Que no son necesidades de generar capital, sino que suelen ser desde luchas de independencia, autonomía o respeto a la identidad. Si se logra transmitir a la sociedad que de lo que se trata no es de que te definan el término, sino de involucrarte activamente en expandir la noción de política cultural para que integre, por ejemplo, la defensa de los derechos sexuales o los espacios de la ciudad, entonces la noción se expande aún más y de eso se trata.

Con CULTURAPERU crearon el slogan “+ cultura – pobreza”. ¿Cómo entender que la cultura puede reducir la pobreza teniendo generalizada la idea de que quienes trabajan en ese campo lo hacen más por pasión y no necesariamente por una estabilidad económica?

Sabíamos que iba generar confusión, preocupación y que era bien fuerte asumirlo como slogan. Pero qué pasaba. Íbamos a la APCI a registrar Realidad Visual como asociación ONG y nos decían que nosotros no trabajamos temas de lucha contra la pobreza, que trabajábamos arte y cultura. Nos dimos cuenta que si bien nosotros estábamos totalmente mentalizados con mejorar las condiciones de vida de la gente, el establishment no entendía que lo que hacíamos podía estar relacionado con ello. Sabemos que dentro de esa ecuación de más y menos hay una especie de misterio, una cosa ahí donde no nos hemos vuelto capaces de hacer entender. Y el tema es dar cuenta de cómo eso sucede.
Ya existen evidencias a nivel internacional de que la cultura sirve para ello, existe literatura al respecto. En el Perú no hemos llegado a generar un argumento contundente y explícito para la cultura.

¿De los problemas existentes que leías cuando estudiabas, hay ciertos cambios significativos?

Un cambio significativo es la aparición de la carrera de gestión cultural. La construcción de la idea del gestor cultural como una profesión y profesionalización es algo que ha ocurrido en los últimos 5 o 6 años. La aparición del Ministerio de Cultura es definitivamente un capítulo inédito. Y otro tema es el del internet. Recuerdo una de las tantas veces que se firmaban estas declaraciones a favor de la creación de un ministerio de cultura, con gente que decía “atrevámonos a crear una institución de alto nivel”, y nos pidieron ayuda para diseñar la página que nos iban a dar en Caretas para el manifiesto. Preguntamos cuál era la página web del movimiento y por supuesto no había. Nadie de la generación de 60, 70, 80 años lo había considerado. La cultura digital todavía estaba en ciernes y mucha gente la subestimaba también. Hoy se le tomaría con mucha más seriedad.

En diciembre del año pasado con la organización Tándem publicaron un documento donde critican el enfoque conservador y patrimonialista con que se trata a las artes y la cultura desde el sector público, también la falta de consideración y capacitación en estos temas en la agenda gubernamental y de sus representantes. ¿Cuál fue la respuesta a este documento?

Es bien curioso. En un primer nivel sabemos, por las descargas, por cuánto fue socializado en las redes y otros indicadores, que muchas personas lo han leído. También por los comentarios que nos han hecho llegar. Sabemos que las autoridades del ministerio lo han leído también. Tratamos de no tocar temas específicos como la danza, sino de tratar 11 temas que consideramos transversales y factibles de abordar. Dentro del mismo ministerio hay gente que lo considera irrealizable y otros a los que les parece totalmente aplicable. Depende mucho de lo que uno considera que deber hacer un ente como el ministerio.
Al publicarlo nos arriesgamos porque no hay una cultura de la crítica constructiva. Hay poca crítica cultural. Justamente el periodismo cultural termina siendo difusión de eventos y no de crítica. Los actores que están en el poder, además, no están acostumbrados a esas idas y vueltas. A mí me gustaría vivir en un país donde mi crítica no se entienda como un afán de molestar o de figurar, sino de que sinceramente considero que las cosas se pueden hacer mejor. Las tecnologías te dan la posibilidad de hacer esto todos los días. Es un tema generacional, parte de una sensibilidad nueva.

Señalaron que es necesaria una redefinición radical de lo que se entiende por políticas culturales y las funciones del ministerio. ¿La designación de Peirano y la apuesta cultural de la MML con Susana Villarán van en esa dirección?

Por lo menos en el caso de la MML se ven cosas que representan un cambio absolutamente distinto al que había antes en esa gerencia en gobiernos anteriores. Eso es innegable. En el caso del ministerio, en el que Peirano recién va a cumplir cien días, se ve que él tiene capacidad para responder con mayor solvencia en temas fuertes como la consulta previa.
Hay un tema programático que todavía se tiene que trabajar en ambos casos. Una de las mayores carencias políticas es la importancia de trazar planes. En la MML veo cosas muy progresistas que espero que nunca desaparezcan. Sería muy triste que se retroceda en la comprensión de lo que una municipalidad tiene que hacer en cultura. Se nota que hay una madurez mucho mayor, una presencia. Pero si eso no se convierte en un plan se hace difícil para la misma sociedad civil meter presión para que la siguiente gestión no lo cambie.

¿Cómo ves el enfoque de los medios peruanos respecto a estos temas?

He pasado tanto tiempo en los últimos diez años luchando para que saquen en medios impresos lo que estoy tratando de promover en varios proyectos y siempre ha sido una lucha por ganar la atención de alguien. Siempre ha habido un nivel de decepción en cuanto a lo que quería decirse, se resume de una manera muy parcializada e incluso se simplifica a tal punto que su contenido transgresor, transformador, se diluye y aparece al lado de una foto de Shakira bailando. Por eso mi énfasis está más en los medios digitales donde hemos tratado de crear un espacio para compartir información que no depende de los medios tradicionales.
Con eso no digo que no tengan un rol que jugar. Lo que sucede es que nosotros también subestimamos cómo podemos hacer que los medios participen de esta movida. El tema es que nosotros todavía no hemos puesto en papel cuál es la movida. Yo tengo la esperanza de que en el momento que saquen un plan nacional de cultura eso le dé la pauta a un medio sobre qué informar. Sino al final terminan siendo cosas circunstanciales, un evento, una actividad o una polémica. Ese tipo de trabajo donde no se subestima a la prensa y la prensa no me subestima a mí, hay que trabajarlo.

¿Qué crees que has ganado y/o perdido al pasar del piano a las políticas culturales?

¿Por qué le enseña piano uno a un niño? Puede aprender a tocar Mozart, pero puede que detrás de eso le estás enseñando sensibilidad, que se comprometa con algo que se llama belleza según ciertos cánones. Si eres suficientemente buen maestro le vas a poner luego una canción de jazz, un poco de Iturriaga. El tipo va ampliar su cabeza con posibilidades. A mí lo que la gestión cultural me ha dado es que me di cuenta que mi interés estaba en tener una perspectiva amplia de todos los movimientos que están sucediendo, de lo que está en juego. No es la belleza únicamente lo que está en juego, lo que está en juego es que eso que te gusta hacer sea entendido como algo que le da a la gente mayor calidad de vida. Ojo, yo tocaba el piano y mi familia se sentaba alrededor y no era que así se volvían más cultas, era que empezaban a hablar entre ellos.

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Más:

Hacia una nueva generación de políticas culturales: 11 retos para el gobierno de Ollanta Humala.

1. Posicionar a la cultura como un factor de desarrollo
2. Construir un sistema de financiamiento mixto para la cultura
3. Desarrollar planes estratégicos
4. Crear y consolidar un sistema de información cultural
5. Descentralizar la administración cultural
6. Relacionar el poder central con los gobiernos locales
7. Promover la participación ciudadana
8. Construir una estrategia integral de comunicación
9. Facilitar y promover la circulación internacional de actores y eventos culturales
10. Fortalecer las capacidades en gestión y política cultural
11. Legislar coordinadamente en materia cultural

(Tándem: Gestión Cultural para el Desarrollo) Léelo completo aquí.

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