Defensa de los páramos frente al proyecto minero Majaz (Espíndola, Ayabaca, Piura).

El conflicto del proyecto Conga no es un tema de consulta o inversión, es un tema sobre la naturaleza. No es tema de consulta porque la desaparición de cuatro lagunas de cabeza de cuenca de montaña no solo afecta a una comunidad sino a todo un ecosistema que va más allá de limitaciones territoriales. El tema tampoco es económico porque lo que se reclama no es que 4 millones de dólares de inversión sea poco, sino de que para ciertas áreas naturales claves no debe si quiera existir la comparación entre sacrificio natural y beneficio económico.

Por simple lógica resulta sorprendente que un proyecto que busca la desaparición de cuatro lagunas para reemplazarlas por cuatro reservorios haya sido aprobado en un Estudio de Impacto Ambiental. Un estudio de impacto ambiental cuestionado además por una posible participación de Felipe Ramírez Delpino, ex dirigente de Yanacocha, que por más que ciertos medios han citado documentos donde se señala claramente que éste se abstuvo de participar, la sociedad no confía.

Frente a la sólida posición de la sociedad de Cajamarca (y muchos más a nivel nacional también) de defensa del agua, Yanacocha usa el argumento o promesa de que con los reservorios que crearían no solo no se le quitaría agua a la gente sino que éstos acumularían aún más cantidad de agua. Perdón, pero según mi limitada lógica ambiental, científica o física, la única manera de que eso sea posible sería produciendo más de la que existe en el lugar y al ser producida no estaríamos hablando de agua natural.

Este conflicto además pone a prueba el compromiso y las promesas sembradas por el presidente Ollanta Humala durante la campaña electoral. Hasta ahora la tibia posición de revisar el informe ambiental y las declaraciones del primer ministro señalando que si el estudio no tiene problemas el proyecto seguirá adelante sí o sí, difiere tremendamente de la posición sólida del entonces candidato Ollanta que señalaba que la gente no tomaba ni comía oro y que por lo tanto la defensa del agua y la agricultura sería clave.

La prueba es aún mayor porque a la espera de los resultados de este conflicto se encuentran proyectos que llevarían a la formación de todo un distrito minero. A largo plazo no solo se trata de Conga sino de 2 más en la misma zona.

¿Cómo se pretendería, me pregunto, llevar acabo más proyectos mineros en la zona? Algo me dice que los responsables de este tipo de inversiones mineras juran que cuanto más se sigan zurrando en la población ésta se irá amilanando. Se equivocan. Estos conflictos, por el contrario, han creado la necesidad en la sociedad civil de organizarse seriamente y con huevos. Hace unos días Cotler señaló que hoy en día los espacios políticos no son tanto el congreso o palacio, sino las comunidades, el campo, los sectores rurales. Bagua, Puno en cierta medida y ahora Cajamarca, son claro ejemplo de ello.

Tanto la sociedad indígena como la campesina están logrando cuajarse políticamente sobre la base de principios culturales, no económicos. Por ello la apuesta por la naturaleza resulta tan extraña para muchos. Lo que nos están enseñando es que así como la economía y los derechos sociales tiene lugar en la política, la naturaleza aún tiene un lugar en la cultura.

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