Entrevista a Pedro Escribano
(Foto: CMS. Tomada de Letra Capital)

Hablar sobre el periodismo cultural en el país es como hablar de una ausencia, de un vacío. Algunos espacios, con todas sus limitaciones, perduran. Uno de ellos es el que tiene a cargo hace 11 años Pedro Escribano, editor de la sección Cultura del diario La República, esa entre la cartelera de cine y la sección espectáculos.

Ese lugar no es casualidad. “Los medios se han confundido, han frivolizado la cultura para venderla”, señala Escribano, literato de la Universidad de San Marcos, que ha sido también profesor y ha terminado siendo periodista.

Como casi todo el periodismo de antaño, este se le presentó en el camino y lo tomó. A principios de los noventas, Federico de Cárdenas, quien era entonces encargado de la sección, lo invitó a escribir reseñas de libros para el diario La República debido, en parte, al Premio Poeta Joven que en 1982 había ganado. De ahí en adelante, catalogarse como periodista ha sido cuestión leer y leer sobre la profesión, como cuando se sumergió en la pedagogía, y de atravesar las distintas secciones del diario en su tiempo libre. Esto lo llevo a enfrentarse a la política, a camales clandestinos de San Juan de Lurigancho o a Susan León “a pecho abierto”, ante los cuales, confiesa, su única defensa era la convicción de que llegado el momento lo escribiría bien desde el punto de vista literario.

Para el año 2000 asumió el cargo de editor de la sección cultura. Entiende que dentro de los medios hay una suerte de parámetros, “una convención de que lo cultural está más asociado a la cuestión estética y reflexiva. Se asume como tema cultural aquel tema que, sin dejar ser divertimento, convoque a la reflexión”, señala.

Cumplir con esos rangos resulta subjetivo y esa una de las claves del problema. “Hay que alzar la cabeza un poco y ver qué hay en la mesa y tener el criterio. Es una apuesta muy subjetiva, muy personal y a veces muy riesgosa también. Cada edición es una antología de los sucesos. El asunto es tener la puntería y la certeza de que hemos hecho lo correcto”.

Teniendo esos parámetros, igual el campo cultural llega a ser demasiado amplio para los espacios que se le brinda en los medios tradicionales. Cuando leo las notas que publicas en La República siento que escribes desde una jaula.

Es lamentable observar que en algunos medios no solo el espacio sea mínimo sino que en algunos ha desaparecido. El caso Perú21, Correo. En el mismo La República teníamos en el suplemento una sección cultura que ya no existe.

En los medios se cree que apostar por la cultura es como ir contra la ley de la gravedad. Mientras que en el país se ha instalado un ministerio de la cultura, tenemos un Nobel de la literatura, la gastronomía es un boom en el mundo, la cantidad de teatro y las publicaciones han aumentado, se habla de industrias culturales, en los medios curiosamente los espacios dedicados a la cultura son mezquindados.

¿Es una manera de quitarle legitimidad a la cultura, quizá no de manera intencional?

Ocurren para mí dos cosas. Los dueños de los medios no están entendiendo que la cultura sí se vende. Por otro lado se ha olvidado que los medios no son solo mercado. (Los medios) también tienen una tarea de docencia, de educación, en todas las áreas. En la cultura no se está ejerciendo esa tarea.

¿Por qué en los medios se le sigue dando legitimidad a temas políticos que a veces no representan realmente las inquietudes de la sociedad y se deja de lado la cultura que, de alguna manera u otra, sí absorbe esas inquietudes?

En el juego social, en el juego político, los temas políticos siempre van a dar mayores dividendos a los líderes, a los medios de comunicación o a los dueños y ese es el camino de instalarse en la sociedad. Gravitan, se convierten en referencias y hasta establecen la agenda de noticias. Los políticos saben hacer su juego. Lo que ocurre con la cultura es que no se asume la conciencia de que un país debe también tener un progreso cultural. La cultura debe devolver el sentido de persona, de humanidad, de actuar ciudadano de acuerdo a principios y valores de justicia.

Lo que pasa también es que ahora existe una línea borrosa entre lo que es cultura y espectáculo. Hace poco Jorge Volpi dijo que la “la terrible crisis del periodismo cultural y los medios en general se agravó cuando estos confundieron la farándula con la cultura”.

Los medios se han confundido, han frivolizado la cultura para venderla. Entiendo que la cultura también debe divertir y debe ser parte del espectáculo pero no parte de la farándula. Ya no es importante conversar con un autor sobre sus propuestas sino otros temas que rozan la vida privada y que no vendrían al caso dado los espacios que tenemos.

Existe también el problema que el periodista que informa se queda en los datos, en las cifras. Si no es un periodista formado en temas culturales no los va a entender muy bien. Por otro lado estos eventos se convierten en plataformas o escenarios o set de personas mediáticas que también están entre la cultura y la farándula. El criterio mediático está definiendo las cosas en los temas culturales.

Hoy en día también se está hablando del periodismo cultural como una cuestión de formas y nuevos métodos de contar las noticias más que de temas en sí. Me refiero particularmente a las propuestas de la Fundación Nuevo Periodismo.

Buscar nuevas formas para seducir al lector es lo que se debe hacer en el periodismo. Las nuevas propuestas apuntan a dejar el estilo fáctico y frio, abandonar la famosa pirámide y dar la noticia no desde el principio sino desde el final a veces. Depende de los géneros y del periodista. Un periodista sin estilo no es nada. Se debe buscar eso, sobre todo porque hay competencia de todo lo audiovisual. La prensa escrita debe asumir el reto.

El medio peruano carece de una pluralidad de géneros. Acá un periódico es una sucesión de notas informativas. ¿Por ahí también podría ir el periodismo cultural?

En el periodismo peruano los géneros están en crisis y no son socorridos como deberían ser. Los periodistas son ganados por la coyuntura, por la nota fáctica, por la nota netamente informativa. No hay las grandes crónicas gozosas, no hay reportajes que toman un tema y van asediando hasta llegar a una gran revelación. En los cincuentas había crónica política. Los hechos del parlamento eran verdaderos relatos literarios con noticia e información. O las crónicas policiales que hoy son fácticas: cuántos muertos, cuánta sangre. El género policial es un género que se presta no solo para hacer buen periodismo sino buena literatura.

Un nuevo contraste teórico es que ahora más que por la objetividad en sí, se aboga por “la mejor manera de contar la realidad”.

Para contar la realidad no hay que ser realista. En términos de escritura, de periodismo, para contar la realidad hay que ser imaginativos. Mariátegui decía: “el mejor camino para acercarnos a la realidad es la fantasía o la imaginación”. Creo que ese concepto es válido y sigue siendo vigente. La nota fáctica es buena. Pero un diarismo no debe olvidar la buena entrevista, el buen reportaje, la buena crónica, en todas las áreas.

Incluso se está desarrollando una tendencia de apuesta por la cultura a nivel latinoamericano. En el IV Congreso Iberoamericano de Cultura se insistió en la idea de que debido a la crisis política y económica ha llegado la hora de la que la cultura se presente como un punto clave en la concepción de desarrollo de las naciones. ¿Cuál es el papel que crees debería jugar la prensa en una apuesta como esa?

Hay que recoger esa apuesta. Para ser concretos, los dueños de los medios no están entendiendo la necesidad de cultura del ciudadano de a pie. Una forma didáctica, pedagógica, una forma de ilustración masiva son los medios de comunicación. No solo la prensa escrita, sino todos los medios. Estos no consideran para nada el tema cultural. Ya no te digo como tema para tratarlo con tal o cual persona, sino ni siquiera como noticia. La televisión tiene que ayudar mucho a que el ciudadano de a pie empiece a interesarse por otros temas y que no sea como ahora que nos agarran por el cogote para ver cuántos muertos hubieron o quién es gay.

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