¿Qué tienen en común Australia, Brunei, Chile, Estados Unidos, Malasia, Nueva Zelandia, Perú, Singapur y Vietnam? Un acuerdo comercial, ¿qué más podría poner a dialogar a países que para muchos es necesario buscar en el mapa para tomar conciencia de ellos? No está mal, por algo se empieza. Se trata del Acuerdo Transpacífico más conocido como TPP (por sus siglas en ingles) o Acuerdo P4.

Se trata de un acuerdo entre los mencionados países que busca negociar facilidades o acuerdos de mutuo beneficio en el tráfico de distintos tipos de productos, servicios, normas, etc. Este “acuerdo de última generación”, tiene como índice de trabajo temas como aduana, defensa comercial, medidas sanitarias, barreras técnicas al comercio, política de competencia, transparencia, propiedad intelectual, por mencionar algunos que den una imagen –variada, si se puede- de estos. De qué trata exactamente cada uno de estos temas es difícil saberlo para uno, ciudadano de a pie.

El MINCETUR señala que se trata de “un acuerdo inclusivo y de alta calidad que sea soporte para el crecimiento económico, el desarrollo y la generación de empleo de los países miembros, el cual a su vez se convierta en la base para un futuro Acuerdo de Libre Comercio del Asia Pacífico”. Algo más clara su importancia general.

Estas negociaciones que se iniciaron por el impulso del presidente chileno Ricardo Lagos hace unos años va llegando a su cierre. La penúltima reunión se realizará del 24 al 28 de este mes en el país. Sí, acá y ahorita. (¿Por qué siendo un acuerdo tan importante para el país está pasando bastante desapercibido en la agenda pública? Ni el gobierno, ni los medios, ni la sociedad civil se están encargando de hacerlo.)

Este acercamiento entre países tan distintos que, por decirlo de alguna manera, permite ver el mapamundi con oriente a la izquierda y occidente a la derecha de modo que se perciba una relación directa, no cortada, a través del Pacífico, es de gran relevancia cultural también.

En el aspecto económico productivo es de suma importancia promover una cultura de la diversidad ya que es una tarea importante de integración social para preservar las identidades de los pueblos, como señala Edgar Montiel en El Poder de la Cultura.

Pero ese carácter cultural debe ir más allá de las consecuencias culturales inconscientes que genera el nivel económico. Como señala el mismo autor: “El dinero ‘engrasa’ las cosas y detrás de eso viene la cultura y los demás tipos de intercambio. Por supuesto que no hay que dejar que estos intercambios sean puramente arancelarios. Si hay facilidades para la circulación de los clavos y los zapatos, tendría que haber facilidades para la circulación de los libros, de la gente, de los intelectuales, de los que parten de vacaciones, etc”.

¿Hasta qué punto asoman estos temas detrás de las cifras estadísticas del acuerdo? ¿Hasta qué punto están consideradas las relaciones que se podrían tejer a través de asociaciones culturales, instituciones educativas, universidades, industrias culturales, etc?

La crisis mundial actual ya demostró que leer el desarrollo únicamente con cifras macroeconómicas de mercado lo único que brinda es ver la vida de manera incompleta. En el IV Encuentro Iberoamericano de Cultura realizado hace unos meses en Mar de Plata una de las principales premisas que se manejaron fue justamente que ha llegado el momento de insertar la cultura en la concepción de desarrollo. Tanto para el Perú como para Latinoamérica y Asia esta hubiese sido una gran oportunidad de saber qué tienen en común países que hasta ahora muchos buscan en el mapa de su imaginario.

(Publicado originalmente en: http://floreareshumano.lamula.pe/)
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