(Sobre La Prensa sin Gutenberg: el periodismo en la era digital. Jean François Fogel, 2008)
“Leer un texto”: una frase breve, sencilla. La primera imagen que salta a nuestra imaginación quizá es la de un sujeto frente a una hoja, un libro o una pantalla. Es más complicado el asunto en realidad si consideramos que dicha lectura no se inicia en las primeras palabras leídas, sino en su ADN que las hace dignas de una lectura. No se trata de caprichos superficiales, se trata de un arte que apunta más a la disciplina práctica que a la ostentación. Como diría Béatrice Warde: “Friend, yo stand on sacred ground, thi is a printig office”.

De afuera para adentro. Primero el lector –sí, esta vez el lector es el de afuera- el individuo que se hace dividuo al hacer depender de un texto su realidad o pensamiento. Ya no solo es él, sino también lo que ese texto es para él.

Historia de la lectura en el mundo occidental de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier (Taurus, 1998)

El libro Historia de la lectura en el mundo occidental de Guglielmo Cavallo y Roger Chartier(Taurus, 1998) traza ese proceso histórico en el que el hombre, época tras época, ha ido modificando su relación con las distintas plataformas físicas y tendencias sociales que sostienen y envuelven la lectura. En un plano general, sostienen, se cuentan tres revoluciones de la lectura hasta el día de hoy. Tres y una, digamos, porque antes hay que descartar la imprenta de Gutenberg que si bien permitió una mayor proliferación y democratización de los textos, no modificó la lectura en sí.

La primera ´revolución de la lectura’ en la época moderna sería el paso de una lectura monástica, asociada a la conservación y memorización del conocimiento, a una lectura escolástica más filosófica, caracterizada sobre todo por la lectura en silencio, que la dotó de un carácter intelectual en los siglos XII y XIII. Para la segunda mitad del siglo XVIII las lecturas “intensivas” de los sujetos limitados a un bagaje cerrado de lecturas religiosas que debían de ser releídas una y otra vez, fueron dejadas de lado por lecturas “extensivas” que apuntan más a la variedad y la cantidad de diversos tipos de textos para consumir. Hoy en día es la transmisión electrónica de los textos a través de Internet en un mundo globalizado la que remueve las concepciones físicas y productivas de la lectura.

Como refieren los autores, “en cada ámbito nacional, lingüístico o cultural, las prácticas de lectura constituyen, por tanto, el centro de un proceso histórico esencial”.

Es en este tercera ‘revolución’ donde se sumerge La prensa sin Gutenberg: el periodismo en la era digital de Jean François Fogel y Bruno Patiño. Pasamos a adentro, al texto, al papel, a la pantalla. Al detrás de cámara de ese centro neurálgico de la información y el conocimiento que se han vuelto los centros informativos de hoy. Una historia no tanto de emancipación ideológica como en siglos pasados sino –y ahí radica el peligro también- práctica y física.

Ese casi meta-espacio (¿dónde está todo ello que vemos a través de las ventanas web?) que es Internet no revolucionó el mundo de la información, lo re-re-evolucionó. Si una revolución es ya un aceleramiento voluntario de la evolución de algo, una re-re es casi ya hacerlo a la fuerza, a la mala, sin saber si te siguen el paso o no, sabiendo nada más que lo que hay por delante es un vacío que llenar. Por eso hablar de la historia del surgimiento de la prensa en la web es más hablar de errores y correcciones –que para que no suene tan informal o ridículo pueden llamar “darwinismo digital”- que de un proceso metódico en busca de objetivos concretos.
La prensa sin Gutenberg: el periodismo en la era digital de Jean François Fogel y Bruno Patiño.

“Cuando se mira la escasez de recursos iniciales, el resultado no deja de sorprender: ha bastado una década para que la prensa electrónica adquiera un aspecto que le es propio”Una década en la cual los debates de cómo entender, hacer frente y adaptarse a esa nueva plataforma fueron encontrando una lógica a medida que cada medio apostó por distintas formas. Una de las evoluciones clave que se dio fue el de la tipografía. Del arte de la selección y disposición de los caracteres más adecuados para una página impresa, pasó a tener en su dominio una plataforma que requería decisiones también en cuanto a formatos de información, colores, archivos, facilidades de uso, diseño de redes, convergencia. Y en una tendencia de movimientos verticales de la pantalla que –un poco contradictorio con la ‘revolución’- hace volver más a la dinámica de los rollos de la época grecolatinas, señalan Cavallo y Chartier. Ante las distintas posibilidades que se tantearon en un inicio “al intentar el periodismo on-line, ninguna empresa podía maquillar el fondo de su identidad” debido a que la mayoría de ellas mantuvo la misma dinámica impresa o televisiva en la pantalla de las PC.

Con el tiempo se entendió que para la toma de decisiones lo único que se debía de privilegiar era la reacción del lector antes que la decisión de los jefes de información.
“Un sitio de información, desde el único punto de vista del texto, se encuentra en la situación de un diario que se ve obligado a añadir a las fotos y a los artículos de sus páginas, las gafas del lector, las tijeras, la fotocopiadora, los expedientes de recortes, el índice de los archivos, los sobres para enviar copias de artículos a personas cercanas e, incluso, la esponja para mojar el dedo que pasa la página. (…) Eso no es una página, es una panoplia que reciben los internautas y, de momento, lo operativo gana por la mano a la estética”.
La prensa, que cambia los cuadros con el retrato en blanco y negro de Gutenberg por fotografías de Bill Gates o Steve Jobs, entra en una nueva dinámica de gestión de sistemas informativos muy distinta y mucho más compleja que la de la “antigua bohemia de los talleres donde la prensa preparaba publicaciones”.El cambio choca adentro mismo de los medios. Se da una auto-competencia entre el medio impreso y el web alimentada por una idea de ‘vampirización’ de la segunda sobre la primera. Las capacidades necesarias para la web resultan nuevas. Ya no solo se trata de producir información, a la producción se añade la conducción de la información y la circulación constante.
La información como tal también sufre cambios importantes en su concepción. Ante la masificación de los medios en la web los portales de información trabajan mucho menos en la recopilación de información sin embargo, a la vez, han cobrado un aumento de audiencia no visto antes. La información más que en cantidad, fluye en distintos formatos y se articula con información de archivo que se complementa. Pero también es donde se ha dado la tendencia y la posibilidad de exponer las informaciones más inaccesibles, justamente por la capacidad de convergencia.
En esta nueva dinámica, los periodistas tiene nuevos colegas: los algoritmos, que han mecanizado y acelerado la administración de los sitios webs. Es de esperar para saber hasta qué punto ello no radica solo en un aspecto cuantitativo y de necesidad de producción constante. La calidad siempre estará en la carne humana.Otros colegas: los blogueros. Los blogs han cobrado una importancia crucial al liberar la generación de información de los cuidados, parámetros y nuevas lógicas del periodismo.Las cosas cambian. Pero sobre otras que no. Todas estas nuevas dinámicas pertenecen al mundo de la información sí, pero no al del periodismo a secas. El periodismo ético basado en la verdad y la relevancia cultural sabe expresarse en cualquier dinámica que le pongan por delante.

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