Diarios chichas de los 90's

Marcel Velásquez en El mal/estar en la cultura chicha: la prensa sensacionalista plantea un gran reto: imaginar un día en Lima sin prensa sensacionalista. En esa “fantasía”, señala, miles de personas dejarían de leer, no existirían figuras del espectáculo o de los deportes, aumentaría la brecha entre acontecimientos públicos y el ciudadano popular, se perdería el quiosco como punto de encuentro y transgresión, etc. Y señala también algo, digamos, curioso: “los kioskos de periódico perderían color”. Es decir, los periódicos “serios” no tienen color.

¿De qué hablamos cuando hablamos de “color” en este caso? Del color como tal sí, pero un color que, en una portada, sintetiza -en un solo golpe directo de la primera mirada- conductas, valores, ideologías y códigos estéticos. El color, el color que vale, el que cuenta, el color que es color para el autor es el de la prensa sensacionalista: individualismo, racismo, hedonismo, imaginarios melodramáticos, son algunos de los matices y tonos que le correspondería, señala. Si los quioscos tienen color, es el color chicha. Y no por su acaparamiento necesariamente, sino por sus características señaladas.

'La primavera llegó' de Álvaro Portales

Y es verdad. Sería un poco forzado señalar que los periódicos serios poseen color, vida. No en vano el periodista español Arcadi Espada escribió en uno de sus Diarios que “todos los diarios llevan incorporados un subtexto genérico que dice ‘Hoy también amaneció’, y sobre el que se anotan las desviaciones de la felicidad general”. Pero no necesariamente tiene que ser así.

Apropósito del Premio Nobel otorgado a MVLL, el artista Álvaro Portales jugó también con esta idea del color: la silueta negra de un quiosco donde únicamente las portadas que señalaban el logro del escritor se presentaban a todo color, el resto se quedaba reducido a un negro uniforme. El título de la obra: Llegó la primavera. Primavera (el color) que representa que ese día la felicidad no se desviaba.

He señalado los distintos significados y tonos que puede el color en la prensa en la cotidianidad y casos particulares. En los casos particulares es la noticia en sí la que trae su color. Pero en la cotidianidad, el color al que hace referencia Velásquez, el de prensa chicha, no es, necesariamente, el del fondo de la información, sino, en gran medida, el de la forma: “la vitalidad, la flexibilidad y la renovación de un lenguaje popular que establece un contacto horizontal y apelativo con los lectores”. Es ese lenguaje el que hace, a mi parecer, que el 60% de los lectores de la prensa escrita lean justamente estos diarios. Y este lenguaje popular nadie ha dicho que sea incompatible, alérgico, a otros tipos de información como los que suelen tratar los diarios “serios”.

A lo que voy: si hay una brecha entre los lectores de prensa chicha y los serios es en buena medida por una cuestión estética del lenguaje. Muchos considerarían probablemente que es inaudito aplicar el lenguaje popular a temas como los DDHH, por ejemplo. ¿Por qué? Espero respuesta.

Planteo otro reto: imaginar un día en Lima sin prensa gris, un día en el que los diarios se tiñan de color, del color del lenguaje popular. A ver qué pasa.

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